Es sábado por la mañana y la recámara se llena de una luz blanca y pareja: el sol entra, pero llega suave, sin deslumbrar, y desde la cama se alcanzan a ver los árboles. En la noche, con un solo movimiento, la recámara se cierra por completo y se vuelve un espacio tranquilo para descansar. Esa doble personalidad se logra con dos capas de cortina pensadas para trabajar juntas.
Dos capas, dos funciones
Al frente de la ventana va un visillo blanco translúcido: filtra la luz del día, da privacidad desde afuera y deja la vista. Por delante, una cortina de tela gris que se corre hacia los lados durante el día y se cierra en la noche para oscurecer y aislar la recámara. Cada capa corre por su propio riel, así que se usan juntas o por separado.
Caída en ondas perfectas
Las dos cortinas caen en ondas suaves y uniformes, del mismo ancho de principio a fin. Ese pliegue continuo se mantiene igual abierta o cerrada, y es lo que da el aspecto ordenado y limpio que se ve en la foto. La amplitud de la onda se elige al cotizar: a más onda, más tela y una caída más abundante.
De techo a piso
- Instalada en el techo y hasta el piso, la cortina alarga visualmente la pared y hace que la recámara se vea más alta.
- El riel queda escondido arriba, así que solo se ve la tela.
- El gris aporta profundidad junto a blancos, lino y madera, sin oscurecer el ambiente durante el día.
- Para dormir con más oscuridad, la cortina de enfrente puede ser de una tela blackout.
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